Recuerdos de un sueño amado.
Relato de un pianista brillante...
Creo que la melancolía y la tristeza me sigue hasta el fin de los tiempos
el cigarro no ayuda de mucho, y el clima... es espantoso.
Tengo mi ropa hecha un fiasco y trato de parar un taxi... ninguno se detiene.
me acompaña mi briquet, una botella de vino y un paquete de cigarros ( sólo hay dos)
Mis sueños están rotos, más que destruidos- susurra mi yo interior.
Decido a escurrir mi descuidado cabello con un poco de torpeza.estoy cerca de casa. Llevo dos días sin ir a casa, mis padres deben estar locos. Tal vez me lleven a un reformatorio, que es lo más posible en estos momentos... soy un dolor de cabeza bastante desagradable.
- ¡Los odio!. ¡Los odio a todos!. Odio no poder volver a tocar... odio sentir este maldito vacío.
Se escuchan aplausos.
Unos 10 pasos y una silla correrse al llegar. Sonrío. Toco la primera tecla y mi mundo cambia, se transforma, creo que hay esperanza en mi vida, creo que todo tiene solución.
De repente alguien grita mi nombre y mis manos se detienen por completo. Me tenso. Es un tipo gritando. Casi me atropella.
- Hubiera terminado con mi dolor.- Susurra mi yo interior. él me odia.
observo mis manos y oigo en el fondo ese aquel sonido... ¡Es tan... dulce!, y triste. Duele escucharle.
Necesito llorar, desahogarme, quiero morir si no lo tengo.
- ¡MIERDA!- grito. observo mis manos y no son como lo eran antes. ¡Quiero mis dedos de vuelta!

Creo que la melancolía y la tristeza me sigue hasta el fin de los tiempos
el cigarro no ayuda de mucho, y el clima... es espantoso.
Tengo mi ropa hecha un fiasco y trato de parar un taxi... ninguno se detiene.
me acompaña mi briquet, una botella de vino y un paquete de cigarros ( sólo hay dos)
Mis sueños están rotos, más que destruidos- susurra mi yo interior.
Decido a escurrir mi descuidado cabello con un poco de torpeza.estoy cerca de casa. Llevo dos días sin ir a casa, mis padres deben estar locos. Tal vez me lleven a un reformatorio, que es lo más posible en estos momentos... soy un dolor de cabeza bastante desagradable.
- ¡Los odio!. ¡Los odio a todos!. Odio no poder volver a tocar... odio sentir este maldito vacío.
Se escuchan aplausos.
Unos 10 pasos y una silla correrse al llegar. Sonrío. Toco la primera tecla y mi mundo cambia, se transforma, creo que hay esperanza en mi vida, creo que todo tiene solución.
De repente alguien grita mi nombre y mis manos se detienen por completo. Me tenso. Es un tipo gritando. Casi me atropella.
- Hubiera terminado con mi dolor.- Susurra mi yo interior. él me odia.
observo mis manos y oigo en el fondo ese aquel sonido... ¡Es tan... dulce!, y triste. Duele escucharle.
Necesito llorar, desahogarme, quiero morir si no lo tengo.
- ¡MIERDA!- grito. observo mis manos y no son como lo eran antes. ¡Quiero mis dedos de vuelta!

- Karen Silva Jiménez.